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Richie

Relato por Alice Blaw
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sábado, 10 de noviembre de 2018

Dulce Ilusión

Ilustración creada por _LM7_

Este relato utiliza personajes de la saga de videojuegos Touhou Project.



El olvidar puede ser el mayor crimen que alguna vez se ha cometido en este mundo. Eventos, personas, miedos, sueños, sonrisas y lágrimas. Las injusticias de este mundo, los gritos de frustración y desesperación no vienen de parte de la naturaleza, sino que los guardianes de la memoria se atreven a olvidar, a modificar, a crear.

Dicha justicia olvidada tiene un sitio, un microcosmos donde, atrincherada por un inolvidable y prohibido hechizo, las arenas del reloj de la vida se han agotado, dando lugar al caos, a la guerra que se apagó permitiendo el florecimiento de la paz. Una tierra de fantasía donde los olvidados se retiran a jugar como niños.

Pero ni tan siquiera los guardianes de aquellas imágenes pasadas se ven librados de su propia maldición.

Nuevamente, con agotamiento en tu cuerpo, cerraste tus ojos sucumbiendo a las nuevas reglas de la humanidad, muy por encima de ti. El ahogamiento de la sociedad utópica no hace más que desesperarte mientras liberas un respingo, no por tu dolor mental, sino por tu alma sedada y torturada.

El dolor desaparece lentamente, el peso en tu corazón rompió sus cadenas y cae, sientes que nuevamente puedes sonreír, puedes soñar, puedes amar. Al abrir tus ojos observaste juveniles manos a tu control, la energía que habías perdido, una sensación incontrolable azotó tu cuerpo mientras usabas dichas manos para cubrir tu rostro.

Una sonrisa infantil se dibujó en tu rostro, con mayor grandeza y felicidad de lo que alguna vez recordaste, mientras lagrimas cayeron por tus mejillas y se derramaron contra tu tembloroso cuerpo y suelo de hierba. Flexionaste tu cuerpo intentando controlar los sentimientos que ahora te dominaban pero nada más que una risa quebrada por llanto sale de tus labios, incapaz de moverte solo cerraste tus ojos hasta que has derramado tu última lágrima.

Con nuevo agotamiento, tus brazos te sostuvieron tanto como tus piernas, observando la tierra virgen manchada de tu líquido interior. La cálida mañana no había fallado en azotarte con el tortuoso verano. Un aroma invadió tu nariz, un aroma pútrido, inaguantable, que provocó que tu vacío estomago desease liberar el poco contenido de su interior.

Levantaste tu mirada, el aroma se expande cual niebla de una esfera de nubes negras que flotó enfrente de ti. Tu cuerpo tembló nuevamente con genuino terror con el acercamiento de semejante aparición. Innatural, imposible, desconocida.

― ¡Ay! ―una dulce voz infantil dominó el ambiente, la esfera de densa oscuridad se desvaneció dejando lugar para una niña vestida formalmente de blanco y negro de brazos extendidos y el rostro contra un árbol, una vestimenta menos que impecable debido a la sangre que proveía de su rostro que sobaba con pena entre gimoteos.

Te acercaste, ahora con más seguridad pero no con menos confusión, observar a una niña de mechas solares llorar mientras sangraba era algo que, aún de poder ignorar en tu hogar, simplemente tu conciencia no podía permitírtelo en tan extraña situación. Más extraña cuando no ves nueva sangre brotando, reconoces el origen del aroma y la niña te mira con sorpresa.

―Hola de nuevo. ¡Gracias! ―su expresión inocente, un canto que acariciaba sus palabras en cada silaba, una niña feliz.

Aquella que te saludaba con familiaridad sonrío de forma inocente, alegre, mostrando sus dientes manchados de sangre, con pedazos de carne y tendones incrustados en su dentadura así como en su pálida tez.

El miedo creció en ti al observar sus ojos escarlata excitarse en alegría mientras lamía sus manos manchadas del fluido carmín que aún goteaba de sus facciones. Tus piernas reaccionaron por sí mismas, como si no pudieras controlar tu cuerpo y un grito fue la única respuesta que la infante que saboreaba la dulce miel recibió antes de verte desaparecer entre los árboles que te rodeaban.

¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuánta distancia recorriste? No lo sabes, solo corriste, corriste hasta que tu aliento falló, hasta que tus piernas no pudieron sostenerte, hasta que tus energías revitalizadas se agotaron. De alguna manera, el sentir tu propio corazón a lo largo de todo tu cuerpo, aún con el terror aferrado a ti cual parásito, traía una misteriosa satisfacción que llevó a una pequeña sonrisa mientras el aire se forzaba dentro y fuera de tu garganta.

― ¿Estás bien? ―una nueva voz, igualmente joven pero más aguda atrajo tu atención

Una niña, no mucho mayor que la anterior, de fantasioso cabello de hierba, atada a los tentáculos violetas de un ojo firmemente cerrado te observó felizmente. Aún con el terror presente en tu corazón, aún con la evidente sobrenaturalidad de la joven, no te causó ninguna impresión; no miedo, no odio, no empatía, no alegría, no familiaridad. Un profundo cero encarnado frente a ti.

― ¿Te perdiste? ¡No te preocupes! Ven conmigo, te llevaré donde mi mascota puede ayudarte ―bien pudiste estirar tu mano hacia un árbol más a juzgar por tu impresión al respecto.

Como poco más que una marioneta, te dejaste guiar por la suave mano, por aquellos ojos esmeraldas cubiertos por el sobrero negro. Los caminos, pese a tus mayores esfuerzos, se borraban de tu mente a los meros segundos. Incapaz de ver el rostro de aquella joven, sus facciones se hicieron borrosas. ¿Qué era lo que había dicho? ¿Qué era lo que pretendía? ¿Debías asustarte?

Nuevamente, el mismo aroma invadió tus fosas nasales. Cuando las cubriste con tus manos, notaste que ambas eran libres, que la soledad era tu única compañera, que el único camino restante llevaba en dirección a ese aroma.

Tus pasos se tornaron pesados en cuanto las moscas comenzaban a aparecer, posadas en las hojas de los arbustos, degustando la miel oscura que habías visto antes, hace poco. ¿Dónde? ¿Dónde estabas? ¿Qué hacías allí? La orientación te había abandonado, dejándote ante el túnel de tu olfato en dirección a lo único que no era el infinito verdor del bosque sacado de la imaginación de un niño.

Tu nariz te guió hacia lo que esperabas, el aroma a sulfuro, a excremento, llevaba a lo único que podía estar detrás de dicho incidente. Rodeado de moscas, un espejo macabro causó que tus huesos se tensasen, que tu cuerpo se paralizase, que el rostro que por tantos años te cansaste de ver ahora estuviese en su peor estado.

Una mezcla entre gritos y vomito intentó escapar de tu garganta.

Rompiste la maldición que te mantenía en el lugar.

Cerraste tus ojos en negación y los abriste para encontrar tus sabanas despidiendo el inmundo aroma de tus intestinos, con lágrimas en tus mejillas y una contradictoria sonrisa.
Sonrisa que se mantuvo mientras tus sucias y desgastadas manos volvían a tu rostro entre quejidos, clavando tus uñas contra tu piel deseando deshacer dicha visión.

Entrabas en desesperación, lo sabía y me limité a observar con gula y deseo desde los mismos ojos que cubrías con tus manos. Los sueños más amargos hacen de los más apetitosos platillos.

¿Qué pasó con la tierra de la fantasía? Alguien que aún es recordado nunca podrá hacer más que imaginarlo.
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sábado, 6 de octubre de 2018

El Grito del Maldito

Ilustración realizada por el Instituto Noruego de Ciencia y Tecnología

Lo profundo, la misteriosa caja de pandora del planeta que del que todos sabemos pero tememos  realmente conocer. Escondemos los secretos detrás de gruesos telones entintados de mitos y leyendas que, al removerlos, aún con la valentía heroica de antaño, nos espanta la idea de que tras ellos se confirmen nuestros terrores.
En el misterioso abismo cuyo portal se agita, nos grita y amenaza de no alterar lo que la naturaleza alguna vez nos dio como nuestro dominio, ahora, completamente reformado, destruido y reconstruido por milenios, un solitario rastro de luz, ajeno a tierra y cielo, se embarca al testimonio tan profundamente guardado. Unas palabras secretas que sabe, deben ser escuchadas.
Las ráfagas incesantes, el mandato divino que obliga las voces a callar no hacen más que sacudir el rastro luminoso del conocimiento prohibido. La bestia oscura cuyo estomago esconde nada más que maldiciones, mentiras y muerte. Las luces son alienígenas a ese reino donde las leyes no pueden ser leídas en lenguaje humano.
Las aguas aplastan, estrangulan la luz y la vida, una sentencia creada junto con este mundo. Bestias salidas de las pesadillas corrompen la mente humana, los únicos seres que pueden permitirse merodear por las puertas de las infernales aguas son aquellas dignas de ejecutar el castigo eterno. La luz de los mismos cambia lentamente, primero se convierte en deseo, el fruto prohibido que es rápidamente castigado con la cruel realidad.
Luego, desaparecen... las leyes toman la soberanía, la vida se vuelve un bien escaso. El calor aumenta, incluso la vida más elemental muere acercándose al final del aciago viaje. Las sonrientes y voraces dentaduras han dejado ese mundo. Tan solo la nada, la más profunda y verdadera oscuridad. La que los humanos buscan en el cielo desnudo de sus estrellas, de sus almas corruptas, en lo profundo de la tierra. Nada puede compararse con la imperecedera sombra primigenia que domina el final del mundo.
Y entonces... creación...
Las voces hablan, susurran a su invitado en la natural ceguera de su regente.
La piedra, esculpida por manos no humanas, retrata el antiguo edén del que nunca se habló. Los humanos, las plantas, los animales. Seres pétreos que corren, giran alrededor de un centro. La cabellera gris y desgastada de las damas desvestidas, vuelan, imitando lo que nunca sentirán.
Un circulo concéntrico de figuras humanoides, cuales pétalos de flor, escondían el epicentro, el origen de la creación. Con cada paso, la evolución proseguía, la muerte se hacía presente, las formas humanas, dignas, hermosas en el exterior, eran pobladas por heridas, desagradables malformaciones en sus rostros, en sus pechos, en sus inglés, en sus espaldas y manos. Sus ojos pétreos, faltos de vida, casi parecían gritar sufrimiento.
Pasos, metros, nudos, la enorme y miserable flor petrificada, escondida en el negro corazón del abismo aún hablaba de indecibles horrores. Lo que era una danza se convertía en una marcha de pesadilla, en un monstruoso desfile con formas, ya no hermosas, ya no humanas, pero antropomórficas. Horribles a la vista y toxicas a la mente, con cabezas volteadas, miembros fracturados y misteriosas partes desfiguradas en su anatomía. Todos unidos a otros en un muro humanoide que se abría en un arco en el que se postraba un joven de rostro girado que abría sus labios, en un grito eterno e imperecedero, postrado y rompiendo el uniforme circulo de dolor.
¿Qué había tras las puertas?
¿El olvido?
¿El secreto?
¿El tesoro de la creación?
Tan solo angustia, dolor, decepción, traición, odio, desesperación, locura... y nada. Una nada tan profunda y elemental que el corazón de aquel que la experimentara se marchitaría y la esperanza del más fehaciente creyente desaparecería. Algo irracional, natural, algo que siempre estuvo allí. Algo que fue perturbado por la luz. Algo que despertó.
La ira, la locura, todo gritó al unísono con voces individuales que detuvieron el eterno caos de la superficie. La piedra elemental, primigenia, maldita, se abrió como un cascarón liberando a los condenados. El dolor continuaba, el ardor, el ahogo, la ceguera, la tortura inmerecida no se detenía. El círculo se cerraba en un abrazo desesperado, el dolor y la tristeza crecían y ensordecían a los antiguos guardianes mientras el abrazo de los condenados se extendía.
Perdían nuevamente su forma, por muy demacrada que fuese. Por muy destruido que hubiera sido en su castigo eterno, se unía en la gran fortaleza mayor a cualquier cosa creada por dios u hombre. Un solo ser, un camino a la esperanza que ansiaba ver la luz una vez más, sentir el viento sobre su rostro y sonreír amorosamente una vez más como condición para abandonar el mundo en paz tras relatar las palabras prohibidas a una humanidad merecedora de la verdad.
La bestia ciega y falta de piel gritó. El calor solar no hacía más que secar y degenerar su cuerpo, sus ojos no eran capaces de ver al gran astro rey o su hermosa hermana con su sequito. El grito saltó desde lo más profundo del ser diabólico, víctima del inicio, pero el mismo volvió a él. Incapaz de gritar, incapaz de cumplir su más elemental y desdichado deseo, entró en desesperación. La locura y la tortura no habían terminado, nunca terminarían.
En lo profundo, en lo elemental del monstruo su amor se había secado, envenenado por el odio que por eras se acumuló.
¿Quién soy?
¿Qué soy?
Debieron ser las preguntas que acosaban la torturada mente del ser abisal. Incapaz de gritar, su cabeza, sus dos cabezas, sus diez, cien, mil cabezas. Sus incontables cráneos chocaron sus dientes con furia, el agua se volvía blanca, la espuma se tragaba incluso a las más grandes olas. Un solo ser en el mundo no desconoció la misteriosa rabia que en lo profundo se había creado. Más allá de todo lo que alguna vez fue conocido, un emisario enloquecido del pasado desconocido que les había sido prohibido.
El grito se detuvo...
―Tu eres...
Habló una suave voz. Un llamado desconocido y reconfortante. La bestia herida, desesperada, buscó esa voz. Buscará esa voz hasta el fin de los tiempos, hasta que el último de sus huesos se rompa y su última alma desaparezca. Esa voz era su luz.

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sábado, 29 de septiembre de 2018

Richie [Reto: La Línea 20]

Imagen por JackEavesArt


Rich, Richie para los amigos, es el mejor amigo que puedes tener en este mundo. Un hombre excéntrico que vive en una tienda en el jardín de un bloque deshabitado. Algo muy poco común, pero cuando lo conoces, descubres que es un hombre de palabra. Si promete algo siempre va a cumplirlo, si busca algo, siempre lo encontrará. Su pago es barato, si es que existe en primer lugar.

― ¡Berwyn! ―me saludó una vez pasé a través de la tela que hacía de puerta. El astro rey reinaba en el centro del cielo, su fuego evaporaba toda resistencia.

―Hola… Lo siento, tengo prisa.

―Tranquilo, cosas de adultos, lo entiendo. ―dijo el hombre infantilmente sentandose en el suelo, contra la pared. Se levantó animadamente.

¿Qué pared podía haber en una tienda de campaña? Más aún, una ventana que conectase al interior de un edificio, cual atravesamos.

―Deberías vivir aquí ―me atreví a comentar.

―No… ―el tono de su voz, el gruñido tras sus palabras, como si fuese a decir algo pero se hubiese detenido.

El sitio, un estudio normal, tan solo habitado por polvo y antigüedades, meros fragmentos de un pasado intrascendente. Las historias que Richie se recreaba contando a su alrededor eran maravillosas, sin embargo, no había en esos artículos ningún detalle nuevo, salvo que denunciaban las mentiras de su dueño.

Entre ellos había una pequeña botella, un frasco medico de líquido cristalino con un grano oscuro que curioso golpeaba el recipiente en mi dirección. Era lo que buscaba, una sonrisa se dibujó en mi rostro.

―Gracias Rich―me acerqué a la mesa mi mano se extendió hacia el objeto, cuando fui sujetado.

―Dámelo…―la voz, generalmente optimista de mi amigo, se rompía en desesperación psicótica. ―Je, je… Dámelo…

El hombre se posó entre mi objetivo y yo. La sonrisa de un niño y unos ojos apasionados, juguetones, no me permitían ignorar como sus garras apretaban mi pectoral, como inyectaban miedo en mi alma.
Richie es el mejor amigo que puedes tener. Si promete algo, va a cumplirlo, si busca algo, siempre lo encontrará. Pero lo que pide… a veces parece demasiado.



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