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| FotografÃa por Fifty Flowers |
¿HacÃa cuanto tiempo que no nevaba en Santa Destroy?
Sin duda, los literatos podrÃan encontrar una respuesta pero habÃa algo que
sentÃan todos, desde los pequeños hombres y mujeres observando sobre las
grandes compañÃas, pasando por los asesinos en lujosas habitaciones hasta el
humilde dueño de un bar que tocaba insistentemente la puerta de un reducido
apartamento: un cambio se acercaba, un cambio salvaje e improvisto tal como el
de los viejos dÃas.
—¡Sarina! Sé que no estás muerta. —hablaba con
fingida tranquilidad.
—Está abierta… —se escuchó tras un sonoro quejido de
dolor
Al abrirse la puerta su mano acarició la pared hasta
encontrar el interruptor de la luz. En principio la visión no era nada extraña:
cajas y bolsas de numerosas variedades, un espacio reducido y sellado con un
único ventilador apuntando a la cama donde su empleada descansaba.
Sin embargo allà era donde terminaba aquella
naturalidad, al ver a la única cosa viva. Descartada sobre una mesa no solo
estaban aquel cuchillo y su arma de fuego sino que también toda su ropa,
chamuscada y ensangrentada. Aquella visión, lejos de estimulante, al observar
la cantidad de quemaduras moretones de
su cuerpo si provocaba alguna reacción era la compasión.
—Si tomas una foto te disparo —habló malhumorada
—No estoy tan enfermo como para poderme excitar con
algo asà —habló entre preocupado y resignado —Espero que como mÃnimo hicieras
tu trabajo para terminar asÃ.
Dejó el pequeño recipiente sobre una de las cajas
cerradas. El regalo se hundió levemente mientras el mayor se sentaba sobre la
mesa observándola seriamente. La única respuesta que recibió fue la activación
de una anticuada televisión donde la misma noticia se repetÃa nuevamente con
apenas nuevos detalles.
<<Se confirma que el incendio se debió a causa
de una fuga de gas sin embargo hay señales que en la casa del lÃder de
“Yibril”, mejor conocido por su cargo como lÃder del “Frente Celestial”, una
organización anarquista que enfrenta a la UAA, hubo un enfrentamiento que dejó
dos vÃctimas. Un vocero de la UAA ha comunicado “Nuestra organización no tiene
responsabilidad o ventajas con el asunto. Aún hay muchos otros grupos que se
nos oponen asà que uno menos no hace gran diferencia. Condenamos todo asesinato
que no sea regulado por las reglas de la UAA o el juicio de los ciudadanos.”
Las causas de la muerte siguen siendo…>>
—Bueno… Entonces ya terminaste —suspiró
—No voy a trabajar hoy, descuéntame el dÃa. —se dio
la vuelta cubriendo su parte posterior con la sabana
—Hoy no abrÃ, si nieva en el desierto creo que puedo
aceptar un dÃa libre —sonrió
—No me des trato especial —bostezó intentando
controlar su alegrÃa
Sabiendo que no llegarÃa a ninguna parte con esa
conversación llevó su brazo hacia la cava y le colocó una lata de cerveza en el
hombro. Comenzaba a sentir su espalda doler debido a estar encorvado por lo que
simplemente se limitó a acostarse él mismo sobre la pequeña mesa, cerca de
tirar el ventilador.
—Como quieras. —se sentó en la cama —Deja que me
ponga algo y de paso lo de las quemaduras otra vez
—No hará más efecto por mucho que te lo pongas.
Elevó las cejas, suspirando mientras la dama en
túnica romana caminaba hacia el baño. Tomó en el aire la lata lanzada y la
volvió a dejar caer en el recipiente helado. Se rascó la cabeza elevando sus
cejas intentando liberas su tensión.
Con cuidado llevó la mano a su bolsillo donde una
pequeña caja de plástico fue abierta. En sus manos se ajustó una jeringa
metálica rellena de un liquido espeso. Entrecerró la mirada y su respiración,
sino calmada, salÃa sin sonido por sus ductos tensos, casi al punto de soltar
un silbido involuntario.
Al levantarse confirmó que las armas estuviesen
sobre la mesa, las movió del camino y dio un paso en dirección de la cama, luego
dos. Apretó el aparato medico entre sus manos, observó la pierna de la muchacha
sobre el váter mientras aplicaba una crema. Entrecerró la mirada, acumuló su
respiración y dio un paso decidido.
—Gracias Archie, no me gustan los analgésicos. —¿Fue
ironÃa?
